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Trabajo Imaginado vs. Trabajo Real

Los manuales y procedimientos nos pintan un escenario estático, idealizado; es lo que en la ingeniería de sistemas resilientes llamamos el Trabajo-como-se-Imagina (WAI). Pero el mar no lee manuales. En el mundo real —el Trabajo-como-se-Hace (WAD)— los recursos son finitos, la información llega fragmentada y las condiciones cambian minuto a minuto.

Aquí es donde entra en juego la variabilidad del desempeño. Lejos de ser un “error” o una “violación”, esta variabilidad es la capacidad adaptativa de los operadores para ajustar sus funciones y lograr que las cosas salgan bien a pesar de las limitaciones. Sin estos ajustes diarios, la operación marítima se detendría en cuestión de horas.

La Deriva Incremental en Condiciones Operativas

La deriva incremental en las condiciones operativas surge cuando la variabilidad, que habitualmente produce resultados aceptables, se acumula y acopla de formas que el sistema ya no puede amortiguar efectivamente. Cada vez que un operador realiza un ajuste —por ejemplo, reducir el tiempo de una verificación para cumplir con los horarios— y el resultado es exitoso, el sistema recibe un refuerzo que tiende a normalizar ese nuevo nivel de variabilidad.

Desde la óptica de FRAM (Método de Análisis de Resonancia Funcional), esto representa un cambio en los acoplamientos entre funciones. Cuando un operador modifica el aspecto temporal (Tiempo) de una función para ganar eficiencia, no solo afecta esa función aislada: también modifica la precisión del aspecto “Salida” que sirve de “Entrada”, “Precondición” o “Control” para otras funciones. Estas modificaciones en los aspectos propagan variabilidad a través de la red de acoplamientos funcionales.

Como el sistema es complejo, estas variaciones —mayormente en tiempo y precisión— no se comportan de manera lineal. Se acoplan, se heredan entre funciones y se combinan de formas emergentes e inesperadas.

Es fascinante —y aterrador— reconocer que el éxito y el fracaso provienen exactamente de la misma fuente: la variabilidad del desempeño funcional. Lo que hoy nos permite zarpar a tiempo (el éxito), mañana puede generar una resonancia funcional incontrolable que termine en tragedia. Esta deriva incremental no es más que una acumulación de variabilidad que acerca al sistema a configuraciones donde pequeñas perturbaciones adicionales pueden desencadenar resonancia.

Esta deriva no ocurre en el vacío. En un entorno bajo presión económica, los operadores se ven prácticamente forzados a sacrificar constantemente la prolijidad (seguridad, chequeos exhaustivos) en favor de la eficiencia económica (velocidad, reducción de costos).

Bajo esta lente, los márgenes de seguridad —que funcionan como capacidad del sistema para absorber variabilidad— se perciben erróneamente como ineficiencias o costos redundantes. Al eliminar estos márgenes, reducimos la capacidad del sistema para amortiguar la variabilidad inevitable. Esto aumenta la probabilidad de que futuros acoplamientos funcionales generen resonancia. Cosechamos eficiencia inmediata y visible hoy, a cambio de una mayor vulnerabilidad sistémica mañana.

 Los Acoplamientos y la Razonabilidad Local

Lo más traicionero de este fenómeno es que cada ajuste tiene perfecta razonabilidad local: en su contexto inmediato, el operador optimiza su función específica de manera lógica y justificada. Nadie elige ser inseguro. Sin embargo, en un sistema de funciones estrechamente acopladas, es difícil para un actor individual anticipar cómo su ajuste localmente razonable se acoplará con la variabilidad de otras funciones distribuidas en tiempo y espacio.

Los acoplamientos en sistemas socio-técnicos complejos son estrechos y numerosos. Una “pequeña adaptación” local en una función puede modificar sutilmente los aspectos (Entrada, Precondición, Recursos, Control, Tiempo) que alimentan múltiples funciones posteriores. Estas modificaciones, invisibles en el momento, se acumulan y pueden coincidir de formas que ningún componente individual del sistema puede prever.

Esta normalización progresiva hace que las señales de deriva se pierdan en el ruido de fondo de las operaciones diarias exitosas. La ausencia de accidentes no es garantía de seguridad; a menudo es simplemente una configuración de resonancia funcional que aún no se ha manifestado porque las variaciones todavía no han coincidido de la manera crítica.

El Simulador: Un Laboratorio de Resonancia Funcional

Frente a la opacidad inherente de los Sistemas Socio-Técnicos Complejos, los simuladores marítimos se erigen como una herramienta vital. No debemos verlos solo como lugares para practicar maniobras (“skills”), sino también como laboratorios para visualizar la resonancia funcional.

El simulador nos permite comprimir el tiempo y hacer visibles los acoplamientos ocultos entre funciones. Aquí podemos llevar la variabilidad al límite y observar cómo la acumulación de variabilidad entre funciones acopladas puede generar resonancia funcional, produciendo resultados emergentes desproporcionados respecto a las variaciones individuales. Es el único entorno donde podemos permitir que la resonancia se dispare sin consecuencias fatales.

Desarrollar la “Sensibilidad a la Resonancia”

Uno de los valores pedagógicos centrales de los simuladores radica en entrenar a los profesionales para detectar las señales débiles de deriva incremental. Más allá de la técnica operativa, estamos cultivando una competencia sistémica esencial:

Monitorizar la variabilidad: Entender cuándo un ajuste funcional (WAD) deja de ser adaptativo y comienza a introducir variabilidad que el sistema no puede absorber, alterando los acoplamientos entre funciones de manera que aumenta la probabilidad de resonancia.

Gestionar los compromisos: Experimentar visceralmente la tensión entre “hacerlo rápido” y “mantener márgenes de absorción”, y aprender a negociar esos intercambios bajo presión comprendiendo sus implicaciones sistémicas.

Visualizar los márgenes: Comprender que la seguridad no reside en componentes individuales ni en la ausencia de variabilidad, sino que es una propiedad emergente del sistema que se fortalece manteniendo la capacidad de amortiguar variaciones inesperadas en los acoplamientos funcionales.

 Una Conclusión Sistémica

Las organizaciones a menudo caen en la trampa de intentar controlar la seguridad únicamente mediante el agregado de restricciones rígidas (más WAI), pero la realidad operativa siempre requerirá ajustes aproximados. La clave no es eliminar la variabilidad —eso es imposible y contraproducente—, sino aprender a gestionarla, monitorizando los acoplamientos funcionales para amplificar aquellos que conducen a resultados deseables y amortiguar aquellos que pueden generar resonancia incontrolable.

El entrenamiento en simuladores nos brinda esa capacidad de “pre-sentir” la resonancia. Nos permite formar profesionales que no solo siguen procedimientos, sino que entienden la dinámica profunda del sistema como red de funciones acopladas. Estos profesionales actúan como sensores humanos capaces de detectar cuándo la búsqueda de eficiencia está erosionando los márgenes de absorción del sistema, acercándolo a configuraciones donde la resonancia funcional puede manifestarse de forma catastrófica. ⚓️

Nota metodológica: Este análisis se basa en el Método de Análisis de Resonancia Funcional (FRAM) desarrollado por Erik Hollnagel, que entiende los sistemas socio-técnicos complejos no como conjuntos de componentes que pueden fallar, sino como redes de funciones acopladas cuya variabilidad normal puede resonar produciendo tanto éxitos como fracasos emergentes.

El autor es Marcelo Covelli, Capitán de Ultramar, Coordinador e Instructor de Simuladores Marítimos en el Centro de Simulación Dr. Manuel Belgrano y promueve el método FRAM en su canal de YouTube “Forenses del Mar”. Además fue Director Nacional de Investigación de Accidentes Marítimos, Fluviales y Lacustres de la Junta de Seguridad en el Transporte y se desempeñó como Analista de Reportes de Seguridad para la OMI y como Presidente del Foro Americano de Investigadores de Accidentes Marítimos.